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Ecología - Calentamiento global en Argentina - Consecuencias

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Las consecuencias

Si es cierto que el planeta se encuentra sumido en
un proceso febril que altera todos sus sistemas naturales, también lo es que a la Argentina le caben las generales de la ley.

Aumento de lluvias y de sequías, incremento de las temperaturas máximas y promedio, pérdida de tierras costeras e intrusión del agua salada en sus recursos hídricos son algunos de los fenómenos que los modelos climáticos permiten pronosticar para las próximas décadas.

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Según estudios del doctor Juan Carlos Labraga, investigador del Centro Nacional Patagónico y especialista internacionalmente reconocido en el tema, aunque la previsión en este caso es compleja, existe consenso sobre ciertos parámetros. Los escenarios indican que el mayor calentamiento se produciría en el Noroeste.

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En verano, la máxima diaria podría incrementarse en 1,2 a 4,2 grados. Con respecto a las precipitaciones, en verano y otoño, el sur y la región occidental (al oeste del meridiano de 67 grados O.) experimentarán una disminución de las precipitaciones.

Pero la oriental experimentará el fenómeno contrario, particularmente en el norte de la Mesopotamia. En invierno y primavera, la zona norte experimentará aumento de lluvia, pero en Cuyo y el norte de la Patagonia, disminución.
Traducidos a hechos concretos, estos parámetros tienen inquietantes implicancias. "En lo que respecta a la Argentina, no cabe duda de que su territorio, árido y semiárido en más del 50% de su extensión, sufrirá las consecuencias del incremento de temperatura y la fusión de glaciares y del hielo continental", afirma el doctor Osvaldo Canziani, codirector del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
Según el científico, los cambios en la distribución e intensidad de las lluvias, así como el incremento de la sequedad debido al aumento de la evapotranspiración real, impondrán restricciones a la agricultura, particularmente por los problemas derivados de los cambios en las precipitaciones y por la disminución del hielo de los glaciares.
 
Sin embargo, los efectos de la alteración del metabolismo terrestre no son directos y unidireccionales. "Si bien las redes de observación de las cantidades de precipitación total, líquida y sólida muestran serias deficiencias -explica el especialista-, los trabajos de investigadores locales han permitido comprobar incrementos del orden del 35 % en las precipitaciones al oeste de la pampa húmeda y, como consecuencia, un notable mejoramiento de las tierras de cultivo y pastoreo.

Esto sugeriría un impacto beneficioso del calentamiento terrestre, siempre y cuando pudiéramos hacer una evaluación integrada de los efectos positivos en el riego natural y los problemas de inundación."

El clima, otro recurso natural

El Estudio de vulnerasbilidad y mitigación relacionada con el impacto del cambio global sobre la producción agrícola, elaborado por el INTA, con la cooperación del Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera, del Conicet, muestra que en la región pampeana una elevación de la concentración de dióxido de carbono

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con el correspondiente aumento en la temperatura en superficie modificaría los rendimientos potenciales de cultivos anuales.
 
Las extrapolaciones indican que la producción de soja se incrementaría de un 13 % a un 41 %, la de maíz se reduciría entre 0 % y 18%; mientras que el trigo y el girasol podrían alcanzar desde incrementos del 10 % a reducciones del 16 %, en el caso del trigo, y del 4 %, en el caso del girasol. Es más, un modelo desarrollado por la NASA ubica a la Argentina como un país cuya producción agrícola total podría aumentar entre 2 y 5 por ciento.
 
Pero la situación en las regiones más áridas, como la Patagonia y el centro oeste (Cuyo), dependerá de la disponibilidad futura de agua. Las evaluaciones del IPCC muestran que la mayoría de los glaciares andinos tenderán a desaparecer hacia el año 2100, mientras que los glaciares patagónicos se mantendrán hasta entrado el siglo XXII, por lo tanto la disponibilidad de agua en estas regiones dependerá de las lluvias y nevadas futuras. "En este sentido, cabe recordar que durante la sequía de 1960 la carencia de agua originó en Mendoza la pérdida del 35 % del PBI", ilustra el investigador. Y agrega: "Esta situación, sumada al aumento de la población, podría limitar gravemente la importante producción frutihortícola de Mendoza, afectar la producción de energía hidráulica y reducir la disponibilidad de agua potable.
Con respecto al aumento del nivel medio del mar, podría ser de entre 15 y 88 cm. Las pérdidas en las costas argentinas alcanzarían valores del orden de 5000 millones de dólares (aproximadamente el 5% del PBI) y de unos 3400 km2 de tierras.
 
Como conclusión, el científico advierte: "Es importante que las autoridades, las empresas privadas, las cooperativas agrarias, comprendan de una vez por todas que sin información propia y estudios realizados sobre la realidad ambiental argentina no habrá manera de encarar formas sustentables de desarrollo para la comunidad nacional".







 
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